[CD] Gama Don Pedro Romero Prestige VORS
Gama Don Pedro Romero Prestige VORS ** €Bodegas Pedro Romero
DO Jerez (Sanlúcar de Barrameda)
18% Alc.
100% Palomino Fino
Precio alrededor de 55€ la botella de 50cl
Los tres vinos de lujo de la bodega sanluqueña son el Amontillado, Palo Cortado y Oloroso Prestige, calificados los tres como VORS. La bodega declara que la vejez de cada uno de estos vinos llega y probablemente supera el medio siglo. Pero al margen de edades, factor que no siempre tiene que ser condicionante de una calidad pareja, estos vinos son de clase mundial.
Estamos ante una bodega familiar sanluqueña fundada en 1860 por Vicente Romero Carranza, que pertenece aún totalmente a la familia Romero, concretamente a la sexta generación. Es sin duda una bodega excepcional, que ha mantenido a lo largo de los años un modelo de negocio basado en la calidad más que en la cantidad, un modelo que es contrario a las tendencias actuales, pero que sin duda es el único y mejor futuro posible para los vinos del marco jerezano y para las bodegas relativamente pequeñas. Además, la bodega mantiene sus instalaciones en el casco antiguo de Sanlúcar, en el Barrio Bajo, que tan ideales condiciones reúne para la crianza de los vinos sanluqueños.
En la copa nos encontramos a tres vinos de color muy parecido, dato al que trataremos de dar significado más adelante. Quizá el amontillado sea ligeramente menos cubierto, y con unos reflejos menos cobrizos que los olorosos, pero ciertamente la diferencia no es muy patente. En nariz cada uno tiene un carácter propio, muy arquetípico, con el amontillado punzante, marcado aún por reminiscencias de su crianza biológica junto a venerables notas de vejez oxidativa como barnices (oxidación del alcohol) e incienso. Es quizá el más complejo. En el palo cortado también tenemos esos aromas etéreos de la oxidación, acompañados de un leve toque punzante que aporta finura, no tan patente como en el amontillado y toques de frutos secos. Es en el oloroso donde ya notamos un nariz totalmente etérea, con notas de barnices, casi pegamento, especiados y nueces. En boca es donde estos vinos suelen marcar más sus diferencias, y nos encontramos con un amontillado muy seco, salino y concentrado, con un posgusto que deja notar su larga crianza oxidativa. A su lado el palo cortado es más amable y sabroso, pero también salino. Posee la boca más equilibrada y limpia en el posgusto de los tres. La diferencia en el oloroso es una menor sensación salina, probablemente arropara por la mayor gordura. Sin embargo esta acidez es también patente, y es que estamos ante un vino muy viejo que ha ido concentrando el extracto durante las décadas, haciéndose más fino.
Todo esto nos da que pensar, y es que la semejanza de color del amontillado con los otros dos, vinos olorosos que normalmente suelen tener un color más subido a edades totales parecidas, nos habla de una larga crianza oxidativa del primero, que será cercana a la vejez total de los olorosos, por lo que sumándole la crianza biológica que haya tenido, puede que sea el vino más viejo de los tres, pero es difícil de precisar, pues gustativamente los olorosos tienen una gran finura y acidez, fruto de la concentración adquirida con la edad. Al tratarse de vinos tan viejos, las diferencias organolépticas se ven atenuadas, en nariz por la larga crianza oxidativa que han tenido, que poco a poco se va imponiendo a cualquier carácter biológico que pueda tener un vino ( y dada la vejez total del amontillado y el patente carácter biológico que aún tiene, esta crianza bajo velo debió llevarse a sus extremos), pero también en boca, donde la concentración sápida va llenando el vino por un lado y afinándolo por otro, llegando a confluir amontillados y olorosos en un punto más o menos común, el de los jereces viejos.
Grandes vinos, que hacen grande a una bodega y a una zona. Cualquier denominación de origen de cualquier país que tuviese uno o dos ejemplos de vinos de semejante calidad, ya aparecería en los mapas vinícolas con grandes letras. En el Jerez, Sanlúcar y El Puerto, podemos encontrar docenas de estos grandes vinos.
DO Jerez (Sanlúcar de Barrameda)
18% Alc.
100% Palomino Fino
Precio alrededor de 55€ la botella de 50cl
Los tres vinos de lujo de la bodega sanluqueña son el Amontillado, Palo Cortado y Oloroso Prestige, calificados los tres como VORS. La bodega declara que la vejez de cada uno de estos vinos llega y probablemente supera el medio siglo. Pero al margen de edades, factor que no siempre tiene que ser condicionante de una calidad pareja, estos vinos son de clase mundial.
Estamos ante una bodega familiar sanluqueña fundada en 1860 por Vicente Romero Carranza, que pertenece aún totalmente a la familia Romero, concretamente a la sexta generación. Es sin duda una bodega excepcional, que ha mantenido a lo largo de los años un modelo de negocio basado en la calidad más que en la cantidad, un modelo que es contrario a las tendencias actuales, pero que sin duda es el único y mejor futuro posible para los vinos del marco jerezano y para las bodegas relativamente pequeñas. Además, la bodega mantiene sus instalaciones en el casco antiguo de Sanlúcar, en el Barrio Bajo, que tan ideales condiciones reúne para la crianza de los vinos sanluqueños.
En la copa nos encontramos a tres vinos de color muy parecido, dato al que trataremos de dar significado más adelante. Quizá el amontillado sea ligeramente menos cubierto, y con unos reflejos menos cobrizos que los olorosos, pero ciertamente la diferencia no es muy patente. En nariz cada uno tiene un carácter propio, muy arquetípico, con el amontillado punzante, marcado aún por reminiscencias de su crianza biológica junto a venerables notas de vejez oxidativa como barnices (oxidación del alcohol) e incienso. Es quizá el más complejo. En el palo cortado también tenemos esos aromas etéreos de la oxidación, acompañados de un leve toque punzante que aporta finura, no tan patente como en el amontillado y toques de frutos secos. Es en el oloroso donde ya notamos un nariz totalmente etérea, con notas de barnices, casi pegamento, especiados y nueces. En boca es donde estos vinos suelen marcar más sus diferencias, y nos encontramos con un amontillado muy seco, salino y concentrado, con un posgusto que deja notar su larga crianza oxidativa. A su lado el palo cortado es más amable y sabroso, pero también salino. Posee la boca más equilibrada y limpia en el posgusto de los tres. La diferencia en el oloroso es una menor sensación salina, probablemente arropara por la mayor gordura. Sin embargo esta acidez es también patente, y es que estamos ante un vino muy viejo que ha ido concentrando el extracto durante las décadas, haciéndose más fino.
Todo esto nos da que pensar, y es que la semejanza de color del amontillado con los otros dos, vinos olorosos que normalmente suelen tener un color más subido a edades totales parecidas, nos habla de una larga crianza oxidativa del primero, que será cercana a la vejez total de los olorosos, por lo que sumándole la crianza biológica que haya tenido, puede que sea el vino más viejo de los tres, pero es difícil de precisar, pues gustativamente los olorosos tienen una gran finura y acidez, fruto de la concentración adquirida con la edad. Al tratarse de vinos tan viejos, las diferencias organolépticas se ven atenuadas, en nariz por la larga crianza oxidativa que han tenido, que poco a poco se va imponiendo a cualquier carácter biológico que pueda tener un vino ( y dada la vejez total del amontillado y el patente carácter biológico que aún tiene, esta crianza bajo velo debió llevarse a sus extremos), pero también en boca, donde la concentración sápida va llenando el vino por un lado y afinándolo por otro, llegando a confluir amontillados y olorosos en un punto más o menos común, el de los jereces viejos.
Grandes vinos, que hacen grande a una bodega y a una zona. Cualquier denominación de origen de cualquier país que tuviese uno o dos ejemplos de vinos de semejante calidad, ya aparecería en los mapas vinícolas con grandes letras. En el Jerez, Sanlúcar y El Puerto, podemos encontrar docenas de estos grandes vinos.
Etiquetas: 2pt, [CD], amontillado, oloroso, palo cortado, sanlúcar, vinos tradicionales andaluces, vinos viejos

8 Comments:
Efectivamente, se trata de tres vinazos.
Observo que has abierto las tres botellas al mismo tiempo, eso te permite compararlos directamente.
Por comodidad (para no tener rondando por ahí botellas semillenas) suelo mantener una única botella abierta (máximo dos), pero una idea que me ronda últimamente por la cabeza es mantener abiertas unas cuantas e ir comparándolas en el tiempo. Una práctica que no es nada descabellada porque estos vinos viejos suelen aguantar (y mejorar) hasta meses después de su apertura.
¿Sueles hacerlo o también te limitas a una o dos?.
Hola Encantadísimo.
Si te refieres a cuántas botellas del mismo vino de este tipo tengo abiertas, te confieso que nunca he tenido ni siquiera dos. Mis comparaciones acerca de la evolución se refieren a mis recuerdos y a comparaciones con botellas de otros aficionados cuando las reunimos. Pero en este último caso puede darse la situación de que las botellas sean de sacas diferentes, por lo que el experimento no sería del todo correcto.
Sin embargo me parece una experiencia interesante, especialmente de cara a ver qué le pasa a un vino de este tipo, de crianza oxidativa, en el ambiente más reductivo de la botella cerrada...
Interesantísimo comentario, JA, y llevas mucha razón en tu apreciación sobre su calidad y la calidad que transmiten a la DO en la que nacen. Pero ya hemos hablado de ello, aunque veladamente: ¿por qué crees que esto no se traslada a un público más amplio? Nosotros tenemos claro que se trata de grandes vinos, que pueden casar con comidas muy variadas, pero tengo bastante claro que este concepto de vino de comida, por ejemplo, no llega al consumidor habitual (no nos engañemos, nosotros no lo somos).
Por lo demás, yo soy de los que hace experimentos como los que propone Encantadísimo,entre otras cosas, casi, por obligación, porque cuando abro botellas en casa, no encuentro demasiada compañía como para completar botellas. Ahora estoy en la evolución de la Bota de ...manzanilla (#4) por unos días y ando alucinando. Y también sigo con notas de la PX de la serie.
Saludos,
Joan
Joan, creo que lo que preguntas podría dar lugar a un extenso debate. De hecho es uno de los temas de debate de fondo en casi todos los foros de vinos. Y en general creo que es trasladable a cualquier ámbito cultural. Tú de esto sabes mucho. El gran público suele buscar cosas directas y más sencillas en lo cultural (literatura, música, cine, etc), así que más aún en una parte tan hedonística de la cultura como la gastronomía y el vino.
Estos vinos son complejos (a todos los niveles, no sólo organolépticamente), y una buena parte del disfrute que ofrecen, precisamente esa que los hace estar entre los grandes, exige un esfuerzo intelectual considerable, así como una experiencia amplia y variada en el mundo del vino.
Luego existen una serie de factores sociales, tendencias, etc. Pero yo creo que la principal razón de que sean vinos de culto es precisamente esa complejidad a todos los niveles, que muchas veces trata de arrancar un esfuerzo de nuestras mentes perezosas. Desde luego es complicado que un bebedor medio se enfrente a un vino como el que se enfrenta a una novela de Galdós.
Pero rompiendo una lanza en favor del disfrute puramente hedonístico de estos vinos, que también tienen su buena dósis de él, te diré que a prácticamente todas las personas que no sean etilófobas a las que les he dado un vino de estos, han quedado maravillados, aunque sólo sea por su aroma casi místico y su sabor interminable.
JA.
Yo le he estado dando muchas vueltas al asunto y creo que la mayor parte de estos vinos (quizás sin llegar a las complejidades de ciertos amontillados y palos cortados) sufren de dos problemas básicos: 1. Son desconocidos: esto crea rechazo cultural, en general, porque la gente suele sentirse cómoda y a gusto sólo con aquello que conoce más o menos. Estoy casi harto de hacer pruebas de éstas en casa, dando a probar (incluso a gente del mundo de los vinos catalanes) grandes vinos de larga crianza biológica y comprobar cómo la primera reacción es de rechazo, más por desconocimiento que por otra cosa. Creo que si los responsables de las DOs las bodegas quisieran arreglar esto, podrían. 2. Sólo se conoce de ellos una minímisima parte de la riqueza que se esconde tras la crianza con el velo en flor y con el resto de vinos dulces (de ambos tipos) y se queda la gente sólo con que sirven para tapear y poco más. Si junto a a., se hiciera una amplia campaña que rompiera de una vez el cliché de que NO son vinos para una comida entera, ganaríamos mucho.
Estos dos aspectos podrían ejecutarse sin pretender que la gente sapa mucho de las técnicas de vinificación, como apuntas, "sólo" para que gozen y disfruten de ellos.
Con todo, no hay que olvidar que son vinos exigentes, como ya apuntas; si quieres saber, tienes que aprender mucho. Son técnicas casi únicas en el mundo (aunque en otras zonas se imitan ya, incluso en Catalunya). Si quieres entenderlos, tienes que trabajártelo. Esto puede que eche a la gente para atrás también. Siempre me ha sorprendido muy negativamente, por ejemplo, que las grandes guías de los grandes gurús del mundo no entren en este mundo. Algo querrá eso decir.
Saludos!
Joan
Tu comentario acerca del desconocimiento de estos vinos por parte del público me ha hecho darme cuenta de lo paradíjico del asunto:
Todo el mundo (y parte del extranjero como :-)) ) conoce los vinos de Jerez, pero en realidad son pocas personas las que lo han probado de verdad y lo identificarían como tal. Se conoce su nombre pero no su identidad. Y esto no siempre ha sido así, y además es una situación que curiosamente se da sobre todo en su propio país de producción.
También me gustaría añadir que hay muchos vinos tradicionales andaluces malos, incluso malísimos, y también muchos de ellos que son del montón. Estos tres ejemplos de Pedro Romer sin realmente excepcionales, y aunque es bien cierto que en el marco hay muchas de estas joyas, más de los necesarios para convertir a una DO en un clásico entre las grandes, no todo el monte es orégano.
JA.
Sin duda, también es cierto que no todo el monte es orégano y que hay mucha porquería suelta. Pero eso pasa en todas las grandes DOs y zonas productoras: todos hemos sufrido la riojitis, primero, la riberitis, después, y ahora ya no sé en qué andamos, pero vaya...
Y "vino de Jerez", en efecto y paradójicamente, es un clásico de aquello del morir de éxito: la escala más básica de esa emocionante y apabullante cadena evolutiva de la palomino (o, en otros casos, de la PX o de lo que sea menester), por muy buena y excelente que sea en algunos casos, ha "tapado", matado al resto.
Algo tendrían que hacer los interesados, repito, si quieren salir de eso.Yo propondría un montón de cosas, vaya, pero creo que falta voluntad y ganas de salir de ese "círculo vicioso".
Joan
Joan, yo no catalogaría en la escala más básica ni en ningún estadío a los vinos que han labrado una mala imagen del Jerez, pues no sólo en muchos casos son vinos adulterados por un exceso de filtración y demasiado poco criados por el velo, sino que en muchos casos han sido vinos vendidos como Sherry cuando ni siquiera se hacían en Jerez. Además, de cabeceos que aunque muchas veces procedentes de buenas soleras, acban dando un producto sin personalidad.
Acerca del futuro del vino de Jerez, en multitud de foros se habla de que éste pasa por un modelo de negocio basado en la calidad e identidad diferenciada frente a las grandes producciones faltas de ella. El modelo de bodegas como Rey Fernando de Castilla, Tradición, Pedro Romero, El Maestro Sierra o incluso de grupos más grandes como Estévez, que cuidan y seleccionan cada marca que venden. Esos son los vinos que hacen grandes a una zona.
Y lo de "La Bota de" es una auténtica suerte para los amantes del vino. Esperemos que la iniciativa siga viva y tome cada vez más identidad. Creo que muchas bodegas deberían tomar ejemplo y sacar más a menudo embotellados puntuales de sus mejores soleras.
JA.
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