jueves 26 de abril de 2007

Olivier Leflaive Puligny-Montrachet 1er Cru Les Pucelles 2002

Olivier Leflaive Puligny-Montrachet 1er Cru Les Pucelles 2002 *(*)
Domaine Olivier Leflaive
13.5% Alc.
100% Chardonnay
Precio 60€ en La Part dels Angels (Barcelona)


Los pueblos vecinos de Puligny y Chassagne comparten el más famoso pago de vino blanco del mundo, Le Montrachet, quintaesencia del vino blanco borgoñón, modelo de elegancia, concentración, complejidad, longevidad. Podríamos decir que el estilo de los vinos de Puligny, tan estilizados y concentrados, es un reflejo, una aspiración, del carácter de su pago más famoso, pero todos con sus propios matices y personalidad. Son muchos y variados los grandes pagos que pertenecen al pueblo, tanto grand como premier cru. Entre estos últimos uno de los más afamados es Les Pucelles, situado al nordeste de Le Montrachet y colindante con Batard-Montrachet, ladera arriba. Un total de 5.13ha del que el mayor propietario es el Domaine Lefliave (que no Olivier). Su orientación es sur-sureste. El suelo es parecido al de los grand cru, principalmente calcáreo, con algo de arcilla (más que en sus prestigiosos vecinos), con buena capacidad de drenaje (gracias a los guijarros y la roca fragmentada) y en pendiente.

En octubre de 1984 Olivier Leflaive, sobrino del por entonces cabeza visible del Domaine Leflaive, Vincent Leflaive, comenzó su andada como negociant, en parte como respuesta al exceso de demanda del Domaine. Podríamos esperar algún tipo de coincidencias en el estilo de los productos de ambas bodegas, pero la verdad es que a día de hoy los estilos de la bodega que actualmente dirige la hija del ya fallecido Vincent, Ann-Claude Leflaive, y su primo Olivier son muy diferentes.

Con el tiempo, la maison fue adquiriendo algunas parcelas, con vistas a crear un domaine propiamente dicho. Hoy poseen un total de doce hectáreas, incluyendo parcelas en Puligny-Montrachet village, Meursault 1er cru Poruzot, Chassagne-Montrachet 1er cru Les Chaumées, Chassagne-Montrachet 1er cru Les Vergers o Chassagne-Montrachet 1er cru Abbaye de Morgeot entre otros. Sin embargo la mayor parte de la producción de la bodega sigue abasteciéndose de los productores a los que se compra la uva, punto en el son bastante fuertes, habiendo establecido buenas y duraderas relaciones con los viticultores de los diferentes pueblos. Desde 1988 Frank Grux, actual director técnico de la casa, se encarga de seleccionar la materia prima, ya sean uvas o mosto. Queda entonces en sus manos todo el proceso de vinificación y crianza de cada cuvée. Los vinos finalmente producidos son muchos y variados, incluyendo las zonas de Chablis o la Côte de Chalonnaise, y en los últimos años la crítica especializada está emepzando a valorarlos muy bien.

En la viña se buscan siempre uvas recogidas a mano. En bodega se fermenta en barrica, y tras la maloláctica se practica semanalmente el bâttonage. Para la clarificación se utilizan claras de huevo. De resultas solemos encontrar vinos donde las notas de crianza son bastante evidentes, pero donde suele acompañar una estupenda materia prima que no se deja subyugar por dichos aportes. Con el tiempo podemos esperar una buena armonía de unos y otros.

En palabras de Frank Grux, la añada de 2002 está llena de pureza, refinamiento y perspectivas de futuro. Estupenda combinación de madurez y acidez. Todo esto fue fruto de un invierno tranquilo y típico, seguido de un inicio de primavera seco y caluroso que dio lugar a una floración a finales de mayo y principios de junio, culminando en la segunda semana de este mes. Comenzó después un muy caluroso verano. El envero tuvo lugar durante la segunda semana de agosto, y una bajada de las temperaturas acompañada de copiosas lluvias retrasaron la maduración de la uva hasta la segunda semana de septiembre, momento en el que vientos del nordeste secaron el ambiente y favorecieron unas buenas condiciones sanitarias en la vendimia, que tuvo lugar el veinte de septiembre. Se alcanzaron niveles de azúcar semejantes de los de 1990, acompañados de una acidez equiparable a la de 1996 o 2000.

Ya en nuestra copa, nos encontramos con un vino de color oro pálido y nariz fragante, muy intensa, limpia, bien definida, con fruta amarilla, flores blancas muy intensas, algo de bollería, mantequilla y frutos secos, junto a un marcado fondo mineral. En boca es opulento, graso, pero perfectamente equilibrado por una magnífica acidez y gran concentración, que dan lugar a un final largo.

Estilizado y opulento pero también puro: enormemente floral, con magnífica acidez y marcadamente mineral acompañado de pronunciados aportes de la madera y el bâttonage especialmente en nariz, pero también en boca, con una textura redonda. Todo el conjunto aún por ensamblar, pero ahora mismo no desentona y se bebe con gran placer.

Hay que probar estos vinos para entender lo que es un premier cru: esa concentración, esa maravillosa opulencia (para determinados estilos) acompasada por una gran acidez, esa pureza de aromas, esa intensidad floral, frutal y mineral... ¡Lo siguiente es un grand cru! Se nota que Frank Grux es más generoso con la madera que, por ejemplo, Roulot, pero es sólo una cuestión de estilo, y aunque ahora mismo ya está bien armonizado el aroma de esta con el resto del conjunto, con el tiempo dará lugar a un vino más serio. Es curioso que encuentro los vinos elaborados para Olivier Leflaive en un estilo más generoso, menos austero, que los que Grux elabora bajo su propio nombre.

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viernes 20 de abril de 2007

[CD] Gama Don Pedro Romero Prestige VORS

Gama Don Pedro Romero Prestige VORS ** €
Bodegas Pedro Romero
DO Jerez (Sanlúcar de Barrameda)
18% Alc.
100% Palomino Fino
Precio alrededor de 55€ la botella de 50cl

Los tres vinos de lujo de la bodega sanluqueña son el Amontillado, Palo Cortado y Oloroso Prestige, calificados los tres como VORS. La bodega declara que la vejez de cada uno de estos vinos llega y probablemente supera el medio siglo. Pero al margen de edades, factor que no siempre tiene que ser condicionante de una calidad pareja, estos vinos son de clase mundial.

Estamos ante una bodega familiar sanluqueña fundada en 1860 por Vicente Romero Carranza, que pertenece aún totalmente a la familia Romero, concretamente a la sexta generación. Es sin duda una bodega excepcional, que ha mantenido a lo largo de los años un modelo de negocio basado en la calidad más que en la cantidad, un modelo que es contrario a las tendencias actuales, pero que sin duda es el único y mejor futuro posible para los vinos del marco jerezano y para las bodegas relativamente pequeñas. Además, la bodega mantiene sus instalaciones en el casco antiguo de Sanlúcar, en el Barrio Bajo, que tan ideales condiciones reúne para la crianza de los vinos sanluqueños.

En la copa nos encontramos a tres vinos de color muy parecido, dato al que trataremos de dar significado más adelante. Quizá el amontillado sea ligeramente menos cubierto, y con unos reflejos menos cobrizos que los olorosos, pero ciertamente la diferencia no es muy patente. En nariz cada uno tiene un carácter propio, muy arquetípico, con el amontillado punzante, marcado aún por reminiscencias de su crianza biológica junto a venerables notas de vejez oxidativa como barnices (oxidación del alcohol) e incienso. Es quizá el más complejo. En el palo cortado también tenemos esos aromas etéreos de la oxidación, acompañados de un leve toque punzante que aporta finura, no tan patente como en el amontillado y toques de frutos secos. Es en el oloroso donde ya notamos un nariz totalmente etérea, con notas de barnices, casi pegamento, especiados y nueces. En boca es donde estos vinos suelen marcar más sus diferencias, y nos encontramos con un amontillado muy seco, salino y concentrado, con un posgusto que deja notar su larga crianza oxidativa. A su lado el palo cortado es más amable y sabroso, pero también salino. Posee la boca más equilibrada y limpia en el posgusto de los tres. La diferencia en el oloroso es una menor sensación salina, probablemente arropara por la mayor gordura. Sin embargo esta acidez es también patente, y es que estamos ante un vino muy viejo que ha ido concentrando el extracto durante las décadas, haciéndose más fino.

Todo esto nos da que pensar, y es que la semejanza de color del amontillado con los otros dos, vinos olorosos que normalmente suelen tener un color más subido a edades totales parecidas, nos habla de una larga crianza oxidativa del primero, que será cercana a la vejez total de los olorosos, por lo que sumándole la crianza biológica que haya tenido, puede que sea el vino más viejo de los tres, pero es difícil de precisar, pues gustativamente los olorosos tienen una gran finura y acidez, fruto de la concentración adquirida con la edad. Al tratarse de vinos tan viejos, las diferencias organolépticas se ven atenuadas, en nariz por la larga crianza oxidativa que han tenido, que poco a poco se va imponiendo a cualquier carácter biológico que pueda tener un vino ( y dada la vejez total del amontillado y el patente carácter biológico que aún tiene, esta crianza bajo velo debió llevarse a sus extremos), pero también en boca, donde la concentración sápida va llenando el vino por un lado y afinándolo por otro, llegando a confluir amontillados y olorosos en un punto más o menos común, el de los jereces viejos.

Grandes vinos, que hacen grande a una bodega y a una zona. Cualquier denominación de origen de cualquier país que tuviese uno o dos ejemplos de vinos de semejante calidad, ya aparecería en los mapas vinícolas con grandes letras. En el Jerez, Sanlúcar y El Puerto, podemos encontrar docenas de estos grandes vinos.

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domingo 25 de febrero de 2007

Jacquesson Grand Vin Signature 1995 Extra Brut

Jacquesson Grand Vin Signature 1995 Extra Brut **
Jacquesson & Fils
AOC Champagne (Dizy, Francia)
12% Alc.
55% Pinot Noir y 45% Chardonnay
Precio 52€ en l’Excellence, Barcelona.

Casa fundada en 1798 por Memmie Jacquesson. Curiosamente, y al igual que los Moët, Chambertin y algún otro, los vinos de Jacquesson eran los favoritos de Napoleón. La producción actual de la casa se reduce a 350.000 botellas, permitiendo adoptar una perspectiva de búsqueda de la máxima calidad. Los viñedos en propiedad alcanzan un total de 26 ha en los pueblos de Aÿ, Avize y Oiry, calificados como grand cru, y en los de Hautvillers, Dizy y Mareueil-sur-Aÿ, calificados como premier cru. A esto hay que añadir unas 15 ha procedentes de agricultores de los mismos pueblos y de otros como Choully (grand cru), y Cumières (premier cru). En la viña se ha tratado de prescindir totalmente del uso de herbicidas y se eliminan las raíces superficiales de la planta para fomentar un sistema radical más profundo. Los abonados, aunque rara vez son necesarios, son totalmente orgánicos. La edad media de las viñas es de treinta años.

En bodega se usan prensas tradicionales verticales, que permiten una extracción lo menos coloreada posible del mosto de las variedades tintas. Los mostos son fermentados en toneles de madera (de entre 20 y 75 hl) o en depósitos de acero, dependiendo de la procedencia de las uvas. Usualmente mitad y mitad. En todo momento se cuida de que el tiempo en madera no enmascare aromáticamente las características específicas de cada terruño. Más bien se busca una oxidación controlada que agregue algo de complejidad y vinosidad. Para aquellos vinos fermentados en madera, tiene lugar un periodo de crianza durante el cual se practica el bâtonnage. Durante este periodo, el propio Laurent Chiquet sigue la evolución de los diferentes depósitos para evaluar el potencial de cada uno y decidir los ensamblajes. Los vinos no son filtrados antes del embotellado.

Tal es el caso del Grand Vin Signature, vinificado y criado en depósitos de madera, y fruto de reputadas zonas productoras de la región. Los pueblos de Avize y Choully, en la Côte de Blancs, aportan respectivamente el 30% y el 15% de la uva, toda ella Chardonnay, que forma parte de la composición varietal. Por otro lado, Sillery, en la Montaña de Reims, aporta un 25% en forma de Pinot Noir. El resto de la uva (un 30%) procede del Valle de la Marne, nada menos que de Aÿ, de su magnífica Pinot Noir. Ya hemos comentado en otras ocasiones, con motivo de otros champagnes, las cualidades de la uva de estos pueblos.

En este caso, el removido de las lías posterior a las fermentaciones dura tres meses, realizándose una vez por semana. Los vinos que posteriormente se ensamblarán son clarificados antes de forma natural. El vino se embotelló casi un año después, en julio de 1996. En su degüelle, que tuvo lugar en julio de 2004, nada menos que 8 años después de su embotellado, el vino recibió un dosage de 3.5 gr/l de azúcar.

En Champagne 1995 se ha ido consolidando como una gran añada, caracterizada por vinos generosamente frutales y de bajo contenido alcohólico en su fermentación. Disfrutables pronto y no por ello exentos de potencial de guarda. Declarada de forma generalizada en la región para la elaboración de los millésimés de las diferentes casas tras varios años de calidad mediocre.

En la copa y a la vista, durante todo el tiempo que el vino estuvo en ella, mostró una fina y constante burbuja. Nariz frutal madura (manzana, caramelo y algo de cítricos) con un fondo mineral claro y tonos florales. Aromas autolíticos claros pero situados en un contexto que los hace más cercanos a la sobria masa de pan que a la golosa pastelería. Precisión y pureza extremas en nariz. En boca muy buena acidez, acentuada por la sequedad manifiesta. Carbónico muy cremoso en un paso consistente y ante todo con mucho nervio. Final largo, y muy buena concentración.

Ya tiene doce años a sus espaldas, pero no sólo tiene potencial para mantenerse bastantes más, por su magnífico frescor y consistencia sápida, sino que lo necesita para “empezar” a ganar en verdadera complejidad. Muy buenas hechuras…

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viernes 1 de diciembre de 2006

Château de Beaucastel 1999

Château de Beaucastel 1999 **
Château de Beaucastel
AOC Châteauneuf-du-Pape (Ródano Sur, Francia)
13.5% Alc.
Composición aproximada 30% Mouvèdre (Monastrell), 30% Garnacha, 10% Syrah, 10% Counoise, 5% Cinsault y 15% otras.
Precio 50-60€

La familia Beaucastel vivía en Courthezon ya a mediados del siglo dieciséis. Considerada entre las más nobles familias de esta pequeña aldea del sur del Ródano, en 1687 Pierre de Beaucastel, en reconocimiento por su conversión del protestantismo que profesaba su familia al catolicismo es nombrado “Capitaine de la ville de Courthezon” por Luis XIV. Dos siglos después, con la llegada de la filoxera, la producción del viñedo de la familia cesó, y no fue hasta 1909 cuando Pierre Tramier compró la propiedad y comenzó de nuevo a plantarla. Beaucastel pasó después a manos de su yerno Pierre Perrin, un científico que hizo grandes progresos con el viñedo. Sus esfuerzos continuaron con Jacques Perrin, que vivió hasta 1978. Hoy día la bodega está en manos de sus hijos.

El terreno aquí está marcado por la violenta erosión del río. Consiste en una serie de capas de fósiles marinos del Mioceno cubiertas por aluvión alpino. Es por tanto rocoso y con un buen drenaje, donde las raíces profundizan con facilidad, paliando el efecto de las sequías estivales. La presencia de un gran número de cantos rodados conocidos como galets evidencia el tiempo en el que el Ródano arrastró pedazos de roca desde los Alpes, depositándolos en la llanura. Estos cantos contribuyen a la calidad de los vinos reteniendo el calor del día para irradiarlo durante la noche. El microclima del lugar también juega un papel importante: poca lluvia, viento del norte que seca y limpia el aire y una continua e intensa insolación. Todos estos elementos, en especial la espectacular diferencia térmica entre las temperaturas máximas y mínimas contribuyen a las características del terruño de Beaucastel. Las precipitaciones medias anuales rondan los 750 mm y unas 231 horas de sol.

El domaine cuenta con un total de 130 ha, de las cuales sólo 100 se encuentran plantadas cada año. Tres cuartos de las mismas corresponden a la AOC Châteauneuf-du-Pape y un cuarto a la AOC Côtes-du-Rhône. Las 30 ha restantes se utilizan para ir rotando la tierra plantada y renovar las viñas ya demasiado viejas. Entre las prácticas viticulturales de la bodega, se ha optado por la no utilización de fertilizantes químicos, en vistas de mantener el equilibrio microbiológico del suelo.

La recolecta de la uva es manual, con una selección en el viñedo. Después del despalillado las uvas son calentadas has los 80ºC durante unos instantes y después enfriadas de nuevo a temperatura de bodega. Esto se hace antes de introducirlas en los tanques de fermentación, donde realizan una fermentación tradicional. Este proceso se realiza pensando en una mayor extracción de color y aromas, además de intentar evitar la usual adición de sulfuroso al mosto. Cada variedad de uva es vinificada por separado, de forma que desarrollen también por separado su carácter durante la fermentación. Los objetivos de la bodega son que:

- Garnacha o Grenache y Cinsault aporten calidez, color y redondez.
- Monastrell o Mourvèdre, Syrah, Muscardon y Vaccarese aporten estructura, profundidad, capacidad de envejecimiento y un cierto gusto clásico.
- Counoise, Picpoul y demás aporten vinosidad, frescura y el particular aroma de cada una.

Es este uno de los pocos vinos de la denominación que utiliza las trece variedades de uva permitidas. Las viñas tienen una edad media de cincuenta años, y los rendimientos nunca superan los 30 hl/ha.

Una vez que la fermentación llega a su fin y que llega el invierno, se cata el vino de cada variedad y se realizan las mezclas. De esta manera, en base a los ligeramente diferentes porcentajes de cada variedad en cada año, se determina el carácter de la añada. Después se introduce el vino en grandes barricas de roble, de 40 hl, en las que evolucionará durante alrededor de un año, con trasiegos eventuales. Finalmente se clarifica con claras de huevo y, una vez embotellado, permanece otro año en la bodega antes de salir a la venta.

La crítica especializada consideró muy buena la añada 1999 en el sur del Ródano, lo suficiente como para que la bodega elaborase su cuvée especial Hommage a Jacques Perrin, lo que quizá pueda ir en detrimento de la calidad del que en esos años es su segundo vino. Los vinos muestran gran riqueza y finura, semejantes a los magníficos 1998. Un año en el que se dieron mejor las cuvées a base de Syrah o Monastrell, al haber sufrido un poco la Garnacha a causa de las lluvias de mediados de septiembre.

Veamos como se traduce esto al vino. Nos encontramos con una capa media subida y ribete cardenalicio. Nariz de buena intensidad, limpia, con fruta algo sobremadura (frutos negros en compota), tapenade (¿la syrah se hace notar incluso con un 10%?) y los aportes de la barrica en forma de balsámicos bastante bien armonizados. En general, y al margen de gustos, una nariz bien equilibrada, aunque aún falta de elegancia y profundidad, ambas características que se esperan de la crianza en botella. En boca tiene una entrada viva, muy bien equilibrado, austero incluso, paso aterciopelado, nada agresivo, pero quizá se echa en falta un poco más de estructura en el paso. Final largo y fino. Muy bueno en boca, con sustancia pero comedido.

Se puede comer placenteramente con él, y es ejemplar el manejo de la madera que tiene la bodega, aportando sólo lo que tiene que aportar, sin abusos. No en vano las cuvas donde se cría el vino tienen una capacidad considerable, mucho mayor que el de una barrica bordelesa, por lo que la proporción de volumen de vino en contacto con la madera es menor que en estas últimas. Un ejemplo a seguir de vino de carácter frutal maduro, notable en nariz pero sin llegar a aburrir, con la extracción adecuada para obtener una buena capa, unos buenos aromas y una considerable concentración sápida, sin amargores ni pérdidas de equilibrio en boca o aromas de hollejos o semillas aplastadas en nariz. El alcohol no resulta notable. Todo muy fino dentro de su estilo. Sería interesante poder comparar las añadas 1999 y 1998, para ver cuan benéfica es la alta proporción de Monastrell y Syrah en relación con la Garnacha de este vino en esta añada. De cualquier manera un vino al que pocas o ninguna pega se pueden poner salvo que aún debe madurar más en botella. Eso sí, la garantía tiene un precio, y en este caso es considerable.

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domingo 19 de noviembre de 2006

Grans-Fassian Trittenheimer Apotheke Riesling Auslese GK *** 1990

Grans-Fassian Trittenheimer Apotheke Riesling Auslese GK *** 1990 **
Weingut Grans Fassian
Mosel (Leiwen, Mittelmosel, Alemania)
8% Alc.
Precio 40€
100% riesling

La región de Mosel, que recibe su nombre del afluente del Rin del mismo nombre, comprende poco más de once mil hectáreas de viñedo que para muchos producen algunos de los vinos que representan la quintaesencia de la reina de las uvas blancas, la riesling. Vinos ligeros, elegantes, frescos, perfumados y magníficamente delineados. Los vinos dulces nobles de la zona están entre los más cotizados del mundo, a pesar de no ser una región pionera en la elaboración de este tipo de vinos.

El cultivo de la viña aquí se remonta nada menos que a la época del Imperio Romano. Sin embargo fueron los monasterios los que durante la baja Edad Media comenzaron a establecer lo que hoy día son los límites de la región. Sin embargo, como ya hemos apuntado antes, la fama actual de los vinos de la región es bastante más reciente, y probablemente no se remonte más allá de principios del siglo XX.

La variedad dominante es la ya mencionada riesling, superando la mitad del viñedo plantado. La parte de la región conocida como Mittel (medio) Mosel, centrada alrededor del pueblo de Bernkastel, ha sido siempre la más cotizada. A pesar de que no hay una delimitación legal para esta zona, suele considerarse que comprende los viñedos situados entre Leiwen y Erden. La región de Mosel tiene cierta similitud con la Borgoña francesa en que, incluso en un breve trecho del río, pueden existir importantes diferencias en cuanto a composición del suelo y microclima. Sin embargo, aquí se sostiene la idea de que las diferencias suelen ser en muchos casos diferencias de estilo más que de calidad. Las otras dos secciones de la región son respectivamente las zonas superior e inferior del Mosel. Los mejores suelos, situados principalmente en la parte media y algo en la baja, están compuestas, como no, por pizarra. Especialmente valorada es la pizarra azul del periodo devoniano. Esta pizarra contribuye a que la riesling produzca vinos que desarrollen aromas minerales, además de absorber el calor y retenerlo para ayudar a la maduración de la uva. Por otro lado, la magnifica capacidad de drenaje de estos suelos es particularmente beneficiosa en estos climas tan húmedos y para uvas con un ciclo de maduración tan largo como el que tiene aquí la riesling. Por si eso fuera poco, es frecuente que los viñedos se encuentren plantados en dramáticas pendientes, a mitad de las cuales suelen estar situados los mejores viñedos, a semejanza de los de la Côte d’Or borgoñona.

El pueblo de Trittenheim posee 326 ha de viñedo. De entre estas, 55 ha pertenecen al viñedo Trittenheimer Apotheke. Está en pendiente ondulada, por lo que la calidad puede variar sustancialmente de parcela a parcela. En concreto, la parcela que posee Grans-Fassian está compuesta de la tan cotizada pizarra negro azulada.

La bodega, situada entre los pueblos de Leiwen y Trittenheim, es regida hoy día por Gerhard Grans, y practica la viticultura familiar desde 1624. Posee en total 9,6 ha de viñedo (8,5 de riesling), y su producción anual se sitúa en las ochenta mil botellas. Además del ya mencionado Trittenheimer Apotheke, cultivan parcelas en los pagos clasificados de Laurentiuslay en Leiden, Goldtröpfchen en Piepsport y Dhronhofberger. La bodega es miembro del VDP, la asociación que contiene a los productores más importantes de Alemania.

La producción del Riesling Auslese Trittenheimer Apotheke *** GK 1990 fue de unos 2.250 litros. Su acidez es de 9,5 gr/l, y el azúcar residual 82 gr/l. Recordemos que el término auslese hace referencia a la selección de los racimos, normalmente con una mayor concentración de azúcares, acidez y demás sustancias, lo que en la mayoría de los casos implica la infección de muchas de las bayas con la famosa podredumbre noble y el desarrollo de sus aromas tan característicos en el vino.

El año de 1990 en Alemania trajo un caluroso verano, seguido de un mes de septiembre fresco y un magnífico mes de octubre, que dio pie a una magnífica cosecha en la región de Mosel, con mostos combinando niveles altos de azúcar y acidez. Por otro lado la cantidad de botrytis fue reducida (se elaboraron pocos BA y TBA) debida a la sequía, razón además por la cual las bayas no alcanzaron gran tamaño y los rendimientos se mantuvieron bajos, dando lugar a vinos de gran concentración. Hoy día, muchos de los vinos han demostrado su valía y potencial de guarda.

Como por ejemplo lo ha hecho el vino que nos interesa ahora mismo. De un color amarillo dorado, con reflejos casi broncíneos. Nariz armoniosamente perfumada, compleja, profunda, con los aromas de diferentes procedencias perfectamente conjuntados, fundidos en un ramillete, pero a la vez bien definidos, como los típicos aromas de uvas botrytizadas que se pueden encontrar en otras añadas del auslese de Grans-Fassian (camomila, manzanilla, cera) juntos a los aromas frutales (fruta amarilla) aún presentes y aportando frescor. De fondo, y afilando el conjunto, ese toque acerado y mineral aparece con la aireación, cuando el resto de aromas se han templado un poco. Todo sin excesos, con sobriedad y delicadeza que se corresponde con las percepciones en boca donde el vino se muestra también muy equilibrado por una gran acidez, dulzor comedido y gran persistencia aromática. Magnífica concentración para un vino de maneras tan delicadas. Estupendo.

En fin, que podemos decir aparte de recomendar encarecidamente la adquisición de este tipo de vinos y su disfrute con unos cuantos lustros a sus espaldas. La recompensa vale la pena. Sin ese tiempo en botella probablemente no obtengamos la armonía y la complejidad aromática que nos ha ofrecido este vino. Eso sí, tenemos que tener en cuenta que partimos de un vino con una sustancia considerable, fruto de una añada muy buena, de elevada acidez y concentración, tratándose además de un auslese en un año en el que, debido a la poca proliferación de la botrytis, poca uva fue a parar a vinos de más alto rango. Y por si fuera poco todo en manos de un productor muy sólido y prudente. Un buen ejemplo dentro de un tipo de vino que ya de por sí suele brillar excepcionalmente, produciendo ejemplos de sutileza, delicadeza, perfume, pureza y perfección. La diva. La riesling… en Mosel. Es complicado que esta uva alcance las cotas de sutileza, pureza y complejidad que alcanza en el viñedo alemán fuera de él. Hemos probado algunos ejemplos nacionales y, sinceramente, cualquier comparación es totalmente absurda. También tenemos Alsacia, pero eso… ¡eso es otra historia!

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viernes 20 de octubre de 2006

Viña Tondonia Blanco Gran Reserva 1964

Viña Tondonia Blanco Gran Reserva 1964 **
Bodegas R. López de Heredia Viña Tondonia
DOC Rioja
12% Alc.
85% Viura, 15% Malvasía
Precio unos 85€ actualmente si se encuentra una buena fuente.

Rioja es conocida nacional e internacionalmente por sus tintos, ya sean del llamado estilo clásico o moderno. Sin embargo antiguamente se solía elaborar un tipo de blanco que hoy día está prácticamente extinto. Se trata de un tipo de blanco diferente del vino ligero y efímero, frutal y para consumo a corto plazo. En su lugar tenemos un tipo de vino blanco cuya tipología se acerca bastante a la de los tintos de la región, con crianzas en madera y botella bastante largas, y donde dominan los aromas terciarios en nariz y una notable estructura en boca.

La ultra tradicional bodega riojana López de Heredia fue fundada en 1877 por Rafael López de Heredia y Landeta tras la paulatina marcha de los elaboradores franceses de la región riojana tras su periodo en ella debido al desastre causado por la filoxera en el viñedo bordelés principalmente. En la actualidad, y tras tres generaciones, la bodega sigue perteneciendo a la familia López de Heredia. Los viñedos de la bodega están plantados con las clásicas variedades tintas riojanas, es decir, tempranillo, garnacha, graciano y mazuelo, así como las variedades que utilizan en sus blancos, viura y malvasía. El estilo de sus vinos suele ser el de tintos poco cubiertos, con considerable acidez y dominantes tonos terciarios de su crianza en barricas viejas durante largo tiempo así como una larga estancia en botella para su afinamiento hasta su salida al mercado. En los blancos encontramos una verdadera especie en extinción, ya que someten dichos vinos a unos procesos de crianza tanto o más largos que los de los tintos, siendo vinos muy longevos y que desarrollan un carácter aromático tan peculiar como excepcional. En los calados de la bodega aún podemos encontrar botellas de la primera mitad del siglo pasado tanto de blancos como de tintos.

Como hemos dicho, para los blancos se utilizan las variedades de uva viura y malvasía, 85 y 15 por ciento respectivamente. La vendimia se realiza de forma manual, en comportas de madera troncocónicas. El mosto libre fermenta en tinas de roble de 60 hectolitros. Las levaduras son autóctonas, y la temperatura de fermentación se limita a 36ºC. La crianza comienza en barricas bordelesas de roble americano de 225 litros, como hemos mencionado antes, no son nuevas ni mucho menos. Además de la esterificación (oxigenación a través de los poros de la madera), el vino es trasegado una o dos veces al año. En el caso del blanco gran reserva, el periodo de crianza en barrica dura seis o siete años. Tras esto se realiza una clarificación con claras de huevo frescas y no se filtra. A esto le sigue un tiempo de crianza en botella en la propia bodega de varios años, llegando incluso a superar la media docena para los grandes reservas.

El consejo regulador calificó como excelente la añada 1964 en la región riojana, augurándole un buen potencial de guarda, como atestiguan las diferentes bodegas que elaboraron grandes reservas ese año y que han llegado hasta la actualidad dando grandes satisfacciones, entre las que se encuentran los diferentes vinos de CVNE, Bodegas Riojanas, la Rioja Alta o los propios de López de Heredia.

Oro viejo, precioso al trasluz. Franqueza y claridad de los orígenes de los aromas en nariz, con recuerdos de miel, cítricos, frutos secos y hierbas de monte, todo en armonía y perfecto equilibrio. Fragante. Entrada fresca en boca, gran acidez. Paso rectilíneo pero consistente, liviano pero esbelto. Gran persistencia aromática, que emerge al final a oleadas inundando la boca de recuerdos, como sucede a veces con los grandes vinos tradicionales andaluces, pero en una gama muy diferente, por supuesto.

Enorme viveza. Gran bouquet. Una joya de tipicidad. Muestrario enciclopédico de la crianza de un vino, con los aromas cítricos añejados en forma de miel y hierbas, y los integrados y evolucionados frutos secos y asados aportados por la estancia en barrica.

Resulta difícil de encontrar un vino con cuarenta y dos años que mantenga esa entereza y viveza. ¿Dónde estará el secreto? ¿Será el vino base fruto de viura y malvasía en los viñedos de López de Heredia? ¿Será el proceso de fermentación y crianza en barricas durante tanto tiempo? En principio la madera vieja no debiera aportar gran cosa al vino que en ella se cría, pero recordemos que se trata de periodos muy prolongados. ¿Serán la lenta oxigenación y estabilización a través de los poros de la madera y las diferentes trasiegas que se realizan a lo largo de los años? Esto parece tener un papel bastante decisivo en el carácter y la estabilidad del vino, pero está claro que cualquier vino blanco de base no aguanta semejante proceso. Por tanto parece que se trata de un conjunto de factores encadenados y perfeccionados a lo largo de más de un siglo, dando lugar a uno de los vinos más personales y auténticos de la geografía española.

Por otro lado resulta complicado encontrar bodegas que aún dispongan de vinos tan viejos y con las garantías de sacarlos a la venta. Una verdadera suerte para los aficionados al vino.

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viernes 22 de septiembre de 2006

[CD] Amontillado Quo Vadis? / Oloroso Don Pedro Romero Prestige

Amontillado Quo Vadis? **
Delgado Zuleta (Sanlúcar de Barrameda)
D.O. Jerez
20% Alc.
100% Palomino Fino
Precio alrededor de los 30€
Elaborado por el tradicional sistema de criaderas y soleras jerezano, es un amontillado muy viejo, que probablemente alcance la categoría VORS. Comenzó su crianza como vino de crianza biológica (probablemente manzanilla) para continuar después con una crianza oxidativa.

Oloroso Don Pedro Romero Prestige 50 VORS **
Don Pedro Romero (Sanlúcar de Barrameda)
D.O. Jerez
18% Alc.
100% Palomino Fino
Precio alrededor de los 50€
Elaborado por el tradicional sistema de criaderas y soleras jerezano y crianza oxidativa.

Aquí tenemos dos vinos que deberían ser totalmente opuestos en la escala de “gordura”, ya que uno de ellos ha sufrido una crianza biológica en sus inicios, presumiblemente larga, que le ha privado de las sustancias como el glicerol que lo dotan de cierta suculencia y untuosidad en boca, así como ha transformado otras sustancias que en nariz le hiciesen aparecer como un vino más cercano al mosto del que procede. Por otro lado tenemos un oloroso, vino cuyo mosto de partida cumplía el perfil de corpulencia que le hizo entrar a formar parte de una solera de oloroso. Sin embargo es un vino muy viejo, por lo que ha debido de afinarse bastante. Vamos a analizarlos de forma comparativa, a ver qué tal encajan estas hipótesis en la realidad.

A la vista Quo Vadis? es tan solo un poco más claro que el Oloroso Prestige, siendo ambos de un ámbar oscuro con un ribete verdoso. La nariz del amontillado es más punzante y salina, limpia y compleja, dejando patente el carácter biológico, frente a los aromas más dulces (como turrón de jijona) que muestra el vino de Pedro Romero. En boca vemos que Quo Vadis? es tremendamente más seco, amargoso, vino aromático. Muy persistente. A esto se antepone la amabilidad del Prestige, glicérico, graso. Algo menos aromático y persistente.
Como vemos, el marcado carácter biológico de Quo Vadis?, que debe ser causa de una prolongada crianza biológica, se pone de manifiesto en la mayor amabilidad y plenitud en boca y a la menor finura y complejidad en nariz del Oloroso Prestige de Pedro Romero. La casi semejanza de colores puede ser debida a una mayor vejez de Quo Vadis?, de forma que el tiempo de crianza oxidativa de ambos vinos haya sido muy aprecido (o incluso mayor en el amontillado) o simplemente a orígenes inciertos (recomiendo ver un artículo de elmundovino.com escrito por Jesús Barquín y Álvaro Girón acerca de la tipicidad de los amontillados para más datos sobre este vino).

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