Robert Arnoux Vosne-Romanée 2002
Robert Arnoux Vosne-Romanée 2002 *13% Alc.
100% Pinot Noir
Precio alrededor de 38€ en La Part dels Angels
Segundo vino consecutivo de este trascendental pueblo, y de la misma añada, tras el anterior Vosne de Regis Forey. En este caso el productor es el domaine Robert Arnoux que, desde 1990, es dirigido por Pascal Lachaux, yerno del último Robert Arnoux, fallecido en 1995. La bodega ha pertenecido a la familia Arnoux durante cinco generaciones nada menos, y durante ese tiempo se han hecho paulatinamente con tierras en viñedos tan grandiosos como Romanée-St-Vivant (35a), Clos de Vougeot (43a), Echezeaux (95a) y Suchots (0.5a) en Vosne, así como otros premier cru en Vosne y Nuits-St-Georges, hasta un total de 12ha. Una de las más reseñables virtudes de este domaine es que la gran mayoría de las cepas plantadas en sus fincas son ya de avanzada edad. Los rendimientos, por esta razón y por las prácticas viticulturales utilizadas, se mantienen bajos.
El Vosne village procede de una sola parcela de 1,45ha. Las técnicas de vinificación incluyen maceración prefermentativa y largas fermentaciones. Los vinos suelen envejecer durante año y medio en barricas de roble que son 100% nuevas para los grand cru, pero que en los vinos menos ambiciosos, como los village, el porcentaje suele descender hasta el 20%. Se busca a la vez finura y concentración, así como identidad. Cada vino debe expresar el terruño del que procede. Todo un desafío. Se suele embotellar sin filtrar ni clarificar.
En la copa aparece con una capa media con reflejos color rubí. Preciosa y perfumada nariz, frutal (fresas silvestres), floral (violetas) y especiada. Una estupenda expresión de la Pinot Noir en el estilo sutilmente fragante de la Borgoña. En boca tiene una entrada muy viva, perfectamente equilibrada, dando paso a una consistencia y concentración sápida, a una estructura, estupenda, con una textura aterciopelada que produce un contraste sorprendente. Magia borgoñona. Final impecable, con un sabroso y considerablemente largo posgusto.
Respecto al vino de Forey, podemos observar aquí una capa más cubierta, sin llegar a ser alta por supuesto, así como unos aromas frutales más concentrados y una textura más aterciopelada que sedosa. Esto evidentemente se deba a una mayor extracción, fruto de maceraciones más largas u otras prácticas que aumenten el contacto del vino con sus hollejos. Dos estilos diferentes dentro de un mismo pueblo y una misma añada. Ambos dentro de la elegancia borgoñona. Este más masculino, aquel más sensual.
De cualquier manera, como decimos, un vino elegante, que tras expresarse de forma delicada en nariz, da paso a una solidez en boca admirable. Impecable. A partir de aquí sólo esperamos complejidad y profundidad. Si estos vinos costasen unos eurillos menos, digamos diez o doce, tendría mi bodega hasta los topes de ellos. Aún así los compro, no tanto como quisiese.
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